¿De qué importancia tiene el aprovechamiento del tiempo libre en la construcción de su corporeidad?
Corporeidad y realidad humana
Se nos
hace necesario un breve repaso histórico desde el punto de vista antropológico y
filosófico sobre el estudio de la realidad corporal humana:
García
Bacca (1987) distingue dos planos: El hombre como tema (El cuerpo como algo
definido, estable y permanente) Y El hombre como problema (El cuerpo como
evolución, dinamismo y progreso).
Esta
distinción entre lo permanente y lo transeúnte es una de las interpretaciones
de la realidad del hombre que divide las escuelas filosóficas desde la
antigüedad. Dentro de estas realidades se incluye la realidad corporal que da
pie a planteamientos pedagógicos y deportivos desde sus distintos enfoques:
educativo, recreativo y competitivo.
A partir
del concepto que nos brinda García Bacca del hombre como problema, para abordar
el análisis cultural del juego, de la actividad física y del deporte, nos surge
la necesidad de estudiar la comunicación, la expresión, la creatividad, el
movimiento, la motricidad.
Confundir
cuerpo con corporeidad (ser corporal) es entender el ser humano simplemente
animal. Sin embargo la persona se manifiesta con su cuerpo y a través de su
cuerpo. Esas manifestaciones (pensamientos, emociones y sentimientos) son parte
de ese cuerpo que vive.
Cuando
nos referimos al ser humano podemos definir corporeidad como "la
vivenciación del hacer, sentir, pensar y querer" (Zubiri, 1986). La
corporeidad se refiere al ser humano, y por tanto, el ser humano es y vive sólo
a través de su corporeidad.
Nacemos
con un cuerpo que desde el momento del nacimiento, a través de la acción, del
movimiento se adapta, transforma y conforma como corporeidad. Esta conformación
viene dada por el movimiento, por la acción y por la percepción sensorial
(vista, oído, tacto, gusto, olfato y percepción cinestésica). Ya en el vientre
de nuestra madre necesitamos movernos. Todo este proceso se va desarrollando a
lo largo de toda nuestra vida, de manera que vamos cambiando y conociéndonos
dependiendo de la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos y de la imagen
que nos hacemos al interpretar el mundo exterior a lo largo del día y de
nuestra vida. Este proceso acaba con la muerte: es entonces cuando dejamos
nuestra corporeidad, para acabar siendo un cuerpo.
El ser
humano se expresa, se comunica, vive con, por y a través de su corporeidad.
Podríamos decir que la epifanía del ser humano es su cuerpo y a partir de él
desarrollamos la corporeidad (aspecto físico, psíquico y anímico). La reflexión
corporal del ser humano pronuncia su primera manifestación usando el cuerpo,
creando corporeidad de muchas maneras: desde que está en el vientre de la madre
tiene necesitar de moverse; desde recién nacido siente la necesidad de
expresarse y su corporeidad es su primera vía de expresión y comunicación con
el mundo; desde ese momento utiliza su cuerpo como vehículo para ser, estar,
sentir y expresar en el mundo y para el mundo que le rodea; desde ese momento
se transparenta, sale a la luz desde su cuerpo frente a sí mismo y frente a los
demás; el ser humano vive con y de su apariencia corporal, que puede ser
inmóvil (cuerpo, "dokeo" de los presocráticos") y apariencia
móvil: apariencia gestual, llena de expresión.
"No sólo los cuerpos ajenos,
sino el propio cuerpo del sujeto que reflexiona sobre la corporeidad y trata de
atenerse a ella como el único dato fiable, al ser percibido, viene ya filtrado
por la corporeidad misma" (Cencillo, 1973).
La
corporeidad, entonces, forma parte de la identidad personal y social de cada
ser.
Corporeidad: realidad y comunicación
Corporeidad
es tener conciencia de nuestro cuerpo, es sinónimo de encontrarnos y
enfrentarnos a nuestra propia realidad. Tomar conciencia de mi cuerpo es la
experiencia de lo que sentimos a través de él, y la experiencia de lo que
percibimos a partir de ese cuerpo al tiempo que lo asumimos como realidad
eficaz de comunicación.
La
corporeidad es realidad y origen de la comunicación, a través de ella se puede
perfilar nuestra imagen. Así los demás comprenden y se relacionan con la
persona; tanto la revelación de nuestra intimida como la revelación de nuestra
disponibilidad. Cuando la persona reconoce, asume y aprueba su cuerpo es cuando
tiene conocimiento de él, toma conciencia de su corporeidad y es capaz de
comunicarse a partir de él. A esto se refiere Gurméndez (1981) cuando nos
indica que no hay una separación tajante entre el cuerpo, lleno y capaz de
sensibilidad, y el mundo. Afirma de esa sensibilidad a flor de piel se
constituye el adentro y las personas comienzan a sentirse, a percibirse como una
realidad presente: un cuerpo con posibilidad de comunicación.
Corporeidad como sentir de la realidad
El cuerpo
es el sentimiento de la realidad y tener cuerpo es tener mundo, hacer posible
la multitud de personas. El cuerpo se convierte en corporeidad al invadirse de
pensamiento y emotividad. Tener corporeidad es cuando nos referimos al cuerpo
del ser humano, lleno de expresión de vida: física (estructura biológica capaz
de movimiento humano); psíquica (psicológica y emocional); espiritual.
Esta
triple vía que define al ser humano nos conduce a la necesidad de rescatar el
cuerpo como fundamento de vida humana, a lo que se refería Marías (1970)
aludiendo "a la necesidad de que un yo pueda hablar de un mundo y su
mundanidad". Según el poeta Pere Gimferrer (1975) la reivindicación del
cuerpo fue el punto de partida de una amplia visión metafísica de la existencia
humana y del mundo.
Consideramos
que es posible atender, entender la corporeidad, así como interiorizarla: como
mensaje del hombre y para el hombre (Alexander 1983); fuente de inspiración
como fuente de estudio, como sugerencia poética, como indicativo artístico
(Aleixandre 1975); fuente de inspiración, también, como suma de imágenes de
cuerpos que integran la comunidad (Merleau-Ponty, 1953).
Es
necesario sentir, asumir y reconocer la propia corporeidad como espacio, como
estructura y como realidad humana. La negativa a esta necesidad de aceptación
de pensar y sentir con nuestro cuerpo nos podría llegar a bloquear la comunicación,
necesaria para la vida humana.
Nos
impedirían darnos cuenta de nuestras propias experiencias vividas. Nietzsche
(1965) hablaba del cuerpo como un gran sistema de razón, y lo justificaba de la
siguiente manera "... porque hay más razón en tu cuerpo que en la mejor
sabiduría, porque incluso el cuerpo creador creó por sí mismo el espíritu como
una mano de su voluntad".
Corporeidad como conocimiento
Las
ciencias de la educación tendrán mucho que decir del cuerpo, y más
concretamente de la corporeidad humana. Bunge (1973) afirma que es un error
hablar del problema forma-cuerpo o del problema movimiento-cuerpo o del
problema metabolismo-cuerpo: en todos estos casos se presuponen dicotomías que
realmente no son. Asimismo, Kogan (1981) considera el cuerpo como "centro
ordenador de la totalidad de la experiencia humana". Si seguimos los
estudios de Marcel (1969), Merleau-Ponty (1953), Montes (1981), Le Du (1976),
Parlebas (1977) y Montagu (1978) podemos enumerar y describir ciertas
categorías corporales: la estructura del comportamiento; intérprete de sí
mismo; símbolo de la existencia o vehículo del ser en el mundo; conocimiento:
aceptación el cuerpo y estar a gusto con él; trucador de signos; conocido desde
el ámbito interdisciplinar y socializador.
Corporeidad y su relación con el mundo
El cuerpo
posee un dinamismo somático que se convierte en vitalidad transformadora y
posibilita la interacción comunicativa con el mundo que le rodea. Estos
conceptos, aunque con otras palabras, son descritos como corporeidad (Cencillo,
1973) y como instalación corpórea (Marías, 1964).
Podemos
asegurar que a partir del cuerpo se genera el gesto corporal como expresión y
creatividad, en cuanto al mundo del deporte como vía de comunicación humana en
el espectro de la motricidad. El cuerpo alcanza la corporeidad y gracias a su
energía usará su capacidad de movimiento humano para poder alcanzar la
creatividad y generar así la expresión y la comunicación a través de la
motricidad.
La
creatividad del gesto humano sólo se podrá conseguir a partir del cuerpo
tonificado y eutónico. Brosse (1981) lo define como totalidad energética de
todos los niveles de conciencia. Esto significa que se recibe por herencia una
consciencia de mayores niveles de comprensión que la revelada en nuestros
progenitores, y se accede mejor al encuentro de sí mismo en un intercambio de
posibilidades hacia dentro y hacia fuera de cada ser humano.
La
expresividad reclama un espacio propio dentro de la realidad humana. La
expresividad es una manifestación que forma parte de las funciones vitales.
Existir, por tanto, es autoexpresarse y expresarse hacia los demás. Entendemos que
las perspectivas corporales se complementan entre sí, y son: expresividad;
vitalismo; comunicabilidad.
Motricidad: comunicación y expresión humana
Charles
Darwin (1809-1882), científico naturalista inglés que vinculó la ascendencia
del ser humano con la del simio, fue quien inició las investigaciones
científicas del lenguaje corporal. El lenguaje corporal es más sincero que la
viva voz, y permite percibir lo que realmente es importante por la vista, según
Thiel (1991). Entendemos que el lenguaje corporal es el conjunto de todas las
acciones motoras, sensoromotoras y psicomotoras.
El
lenguaje corporal humano es una forma de expresión que abarca múltiples planos:
e comunicación espontánea e instintiva y al mismo tiempo, calculada; es un
paralenguaje y acompaña a toda expresión verbal; puede acentuar la información
y modificarla; puede anular su significado convirtiéndose en una
metacomunicación; puede ser independiente del lenguaje de las palabras cuando
alguien decide conscientemente expresarse con gestos en la vida cotidiana o en
el ámbito artístico; puede hacer de acción intencionada o movimiento que hace
abstracción del gesto mímico; es material informático real y ficticio al mismo
tiempo; e incluye siempre de manera simultánea la función y la expresión de movimiento.
Su dimensión y sus cualidades temporal y energética son objetivamente
mensurables, pero su expresión continúa siendo subjetiva y admite múltiples
interpretaciones.
Los
elementos fundamentales del lenguaje corporal son: espacio, tiempo y energía.
Lo corporal es una de las fuentes más importantes de la comunicación no verbal,
primero porque ayuda y complementa a la verbal, e incluso la suple en aquellos
casos en que no hay un código lingüístico común, y segundo porque es el origen
de la comunicación humana.
Davis
(1976) y Rebel (1995) indican que la comunicación no verbal se inicia
primeramente en el lenguaje del cuerpo y necesita de unos contextos sociales:
el cuerpo de una persona, el de los otros, el espacio corporal o proxémica, el
esquema corporal y el mundo. Según Allan Pease (1995) en el lenguaje, el 65% es
no verbal, o sea corporal; el 28% está en el tono y otros aspectos paralelos;
el 7% sería lenguaje a través de las palabras.
Movimiento humano: acción y expresión
El movimiento
nace y se exterioriza como acción humana. Desde antes de ser tenemos ya en el
vientre de nuestra madre la necesidad de movernos, movernos para ser, para
existir. Probablemente también para comunicarnos. La dimensión humana es, por
tanto, una característica sustancial del movimiento.
Podríamos
decir que nos movemos porque existimos y que por medio del movimiento nos
situamos y somos capaces de estructurarnos mejor en y con el mundo y de esta
manera cobramos conciencia de lo que somos como seres activos. Entonces,
podríamos afirmar que el movimiento es una de las claves para la definición de
la naturaleza humana: para la búsqueda y recuperación y por supuesto para el
equilibrio natural del ser humano.
Científicos
como Piaget (1976) atribuyen un indiscutible y primario papel a la motricidad
en el plano genético, al tiempo que relativizan la importancia del lenguaje
convencional como único principio organizador de la persona. El cerebro, pues,
es el beneficiado de la adaptación locomotora en el proceso de liberación del
ser humano con el acceso a la bipedia y en sus relaciones con la conquista del
mundo que le rodea.
Somos y
vivimos con y en nuestro movimiento corporal y a través de él nos
transformamos, evolucionamos y mejoramos, intentamos ser mejores. Somos, por
tanto realidad humana en movimiento y no estática. El movimiento corporal
avanza parejo al movimiento inconsciente del mundo donde los deseos,
intuiciones primigenias, darán lugar a la génesis del pensamiento de donde
brotará lo intelectual del ser humano y la personalidad activa comprometida con
el mundo exterior que nos rodea.
El ser
humano, desde su mundo interior se expresa eficazmente a un mundo exterior. El
movimiento adquiere el sentido de un mensaje, la expresión se transforma en
comunicación humana. El movimiento corporal del ser humano implica: un tipo de
conducta que afecta a todo el ser humano; una actividad elemental y primaria de
la existencia humana; formas válida y eficaz de expresión y creatividad;
manifiesta la evolución psicomotriz del niño y niña a través de su desarrollo
físico; a través de él se descubre la vitalidad del ser humano y las ganas de
ser mejor.
La
motricidad nace de la bondad del ser humano. Según Aucouturier (1977) a través
del movimiento corporal, de la humanización del movimiento, podríamos
contribuir a esa verdad de todos. Necesitamos expresarnos y lo hacemos a partir
de la motricidad (una necesidad humana de movimiento). Una necesidad de
conocer, de expresarnos y de comunicarnos. Hemos de entender que expresar es
dar salida a los sentimientos, ideas, inquietudes que se mueven o agitan en
nuestro interior. Expresión es el fluir que se establece con el exterior, con
el mundo que nos rodea. La expresión es la facultad del ser humano de
manifestar sentimientos y vivencias tanto si se desea comunicarse como si se
trata de una expresión espontánea y no dirigida a nadie. En nuestro cuerpo se
elabora cualquier expresión de la persona, en nuestra corporeidad se almacena
toda la historia emocional del ser humano y se expresa a través de la
motricidad. La expresión se convierte intencionadamente en comunicativa, se
sirve del lenguaje corporal.
La motricidad
es la vivencia de la corporeidad para expresar acciones que implican el
desarrollo del ser humano (Trigo y col. 1999). Consideramos que la motricidad
es un elemento transformador del ser humano como experiencia física, estética y
ética. Por tanto, el ser humano por medio de la motricidad (exploratoria,
inventiva, constructiva) humaniza y socializa el movimiento, creando el propio
conocimiento y el del mundo que le rodea.
Podríamos
decir que la epifanía de la corporeidad es la motricidad. Y posiblemente la
primera manifestación o la más importante de la motricidad se hace a través del
juego. El juego es algo consustancial a la especie humana. La actividad lúdica
es tan antigua como la humanidad. Quizás sea el juego una necesidad
psicobiológica del ser humano. Entendemos la actividad física y el deporte como
formas de juego que desde la corporeidad y a través de la motricidad desarrolla
la creatividad, la capacidad de ser original, de ser una persona auténtica.
La
actitud creadora consiste en considerar que todo aquello en lo que se cree
firmemente no es nunca definitivo sino susceptible de ser modificado,
transformado o bien perfeccionado, en función de ideas nuevas. Imaginar es
"dejar hablar o expresarse" a una fuerza interior que nos conduce a
modificar nuestros propios principios para creer en otros que permitan
construir nuevas estructuras, es creer en aquello que todavía no existe, es
empezar de nuevo. Crear es aprender a escuchar a los demás, luchar contra la
crítica sistemática, prepararse para descubrir las propias ideas y acciones con
relación a las opiniones y actitudes de los otros, desarrollar la curiosidad,
aprender a trabajar en equipo, desarrollar el sentido del humor, mejorar las
aptitudes y, sobretodo, a aprender a actuar, hacer y soñar.
Desde la
motricidad y mediante el juego mejoramos la capacidad exploradora de la
creatividad. De hecho, Rodríguez y Ketchum (1992) afirman que el juego es
hermano gemelo de la creatividad. Los pensamientos abiertos, la capacidad para
responder a nuevas situaciones, la habilidad para reflexionar en acción, la
toma de decisiones, la capacidad de imaginación y la capacidad de crear son
atributos que la actividad física, el juego y el deporte estimulan, desarrollan
y mejoran.
Lo cierto
es que cualquier actividad física y deportiva gusta más y es más sencilla para
los niños o jóvenes cuando se utilizan formas lúdicas porque posiblemente
contengan en sí mismas herramientas pedagógicas, amenas, sencillamente
gratificantes, por tanto de esencia más natural. En una visión globalizante
entendemos que la motricidad es una etnomotricidad, tal y como las actividades
lúdicas y deportivas son prácticas culturales. Dichas actividades ayudan o
contribuyen a la realización personal, al goce, al sentir, pensar y actuar en
un momento feliz.
Corporeidad, motricidad y juego
A partir
de la corporeidad aparece la motricidad, surge el movimiento humano que
alimenta la creatividad de formas lúdicas para poder expresarse y comunicarse.
Podemos afirmar que el juego es la epifanía de la motricidad.
El juego
es como una bandera con todos los colores, como una moneda común, como un
idioma internacional. Hace que se entiendan niños, adultos y viejos de manera
inmediata sin ningún otro vínculo de comunicación, porque nace de la bondad
humana.
Con el
juego ponemos en conexión nuestro micromundo (persona) con el macromundo
(sociedad) en el que vivimos; y en este sentido nos preparamos para la vida
ensayando papeles que desarrollaremos posteriormente en la sociedad, cuando
seamos adultos. Mediante el juego, el ser humano desde tierna edad aprende unas
pautas de comportamiento para crecer y aprender a vivir en la sociedad de una
manera integral. El juego fomenta la capacidad para la elaboración de normas
desde la niñez hasta el estado adulto. Crecemos aprendiendo hábitos de
convivencia necesarios para vivir en sociedad. El juego proporciona al ser
humano un interés por el conocimiento, actitud activa, positiva y crítica que
le permite integrarse de manera gradual, expresarse y vivir en comunidad. El
juego nos sirve de nexo de unión con la naturaleza. Los niños y los adultos
necesitan de la realidad del juego para conservar o recuperar su comportamiento
natural: su equilibrio vital. El modo natural de aprender es a través del
juego, porque los niños y adultos practican continuamente y de forma sencilla
los comportamientos y tareas necesarias para convertirse en personas.
Los
juegos promueven habilidades sociales (talentos maravillosos), ayuda a
canalizar, reducir o encauzar conductas agresivas (base para la seguridad del
individuo y del ambiente seguro), porque pertenecen a la realidad de los seres
humanos. Es un instrumento que ayuda ya desde la niñez, a entender la vida y
que a la vez forma parte y es la propia vida. Así podemos considerar el juego,
por su importancia vital, por su carácter multidisciplinar, por los valores que
origina y por los efectos que produce, como un mágico modo de entender el
trabajo. La magia de las actividades lúdicas sería un modo ideal por el cuál se
juega, se actúa, se explora, se expresa, se comunica, se investiga, se vive en
medio de un proceso de aprendizaje global, participativo y significativo;
proceso que se alarga durante toda la vida.
Por lo
tanto los seres humanos aprenden, se socializan y forman cultura. Los seres
humanos aprenden desde la niñez y aprenden de forma natural porque lo primero
es lo más fácil para la propia naturaleza. Para la naturaleza humana lo más
fácil es lo más natural (atendiendo a la didáctica, a la psicología y a la
pedagogía) en cualquier tipo de aprendizaje individual o social es utilizar
formas lúdicas.
El
deporte es un fenómeno que adquiere a diario un gran impacto dentro de las
diferentes sociedades. Es una práctica humana tan significativa en nuestra
época como pocos fenómenos sociológicos. Forma parte de la cultura
contemporánea, es un pilar en el que con fortaleza se apoya la historia
cultural de nuestro tiempo. Es una realidad metafísica del ser humano. Es
sinónimo de conducta humana, pertenece al comportamiento humano. La actividad
física y deportiva se ha convertido en un singular hecho social y cultural que
como una tela de araña abarca los distintos campos de la naturaleza humana.
Ahora
bien, para que el juego, la actividad física y el deporte reflejen al ser
humano en su dimensión más ética, la actividad física y deportiva debe hacerse
presente desde una doble vía: la social y la educativa, ambas promueven y
conforman la cultura. Veámoslo con más detenimiento:
La vía social. Las actividades
lúdicas van dirigidas a la sociedad, se crean en sociedad. El concepto sociedad
hace hincapié en el factor humano y sus relaciones sociales. Aristóteles ya
definió al hombre como animal social. La naturaleza de lo social en el ser
humano no sólo hay que enmarcarla en el ámbito de lo innato, sino también de lo
adquirido, es decir, de lo aprendido. El proceso de aprendizaje o socialización
da lugar al tránsito de individuo a persona. Dicho proceso tiene lugar a lo
largo de toda la vida de las personas y tiene lugar fundamentalmente en la
familia y la escuela, grupos de edad, movimientos sociales... La etapa de mayor
trascendencia de dicho proceso, probablemente se sitúe en la infancia y
adolescencia. Aunque hemos de considerar que nuestras necesidades de
socialización, de alimentar nuestra creatividad compartiendo, de explorar, de
aprender actuando, de compartir con otros nuestro espacio o de competir con
ellos y con nosotros mismos en busca de la propia superación, alientan nuestra
voluntad de ocupar nuestro ocio con actividades físicas, lúdicas, deportivas,
de tiempo libre a lo largo de la vida. Las actividades lúdicas son la mejor
herramienta que tenemos los seres humanos para conocernos, ya que en lo lúdico
nos comportamos como somos y el juego se convierte en el aliado de la
comunicación y el establecimiento de un buen clima social. Es ahí donde está el
verdadero valor de dichas actividades. Hemos encontrado un nexo de unión que
surge por la transmisión de sensaciones en la práctica de sus diversas
manifestaciones, en el juego, en el deporte, de la mera ocupación del tiempo
libre en el disfrute propio y compartido. Dichas actividades en el ocio activo
constituyen un canal social por el que viaja información acerca de quiénes
somos, cómo es nuestro interior, qué nos hace falta del entorno, a la vez sirve
como canal para recibir información acerca de la sociedad en la que vivimos.
El
proceso de humanizar tiene como objetivo construir al individuo en persona y
prepararlo para convivir con otras personas en una sociedad, y para alcanzar
ese fin afrontamos la realidad física y lúdica, realidad deportiva en sus
distintos ámbitos. Ya que tan sólo el pertenecer a un grupo y a una cultura
permite desarrollar la educación del ser humano.
La vía educativa. Entendemos
por educación "el perfeccionamiento intencional de las potencialidades
específicamente humanas" (García Hoz, 1970). Dichas potencialidades
específicamente humanas hacen referencia a los valores humanos.
No
olvidemos el principio de la educación, adoptado por la UNESCO en 1965:
"El pleno derecho de la
personalidad y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las
libertades fundamentales".
El ser
humano nace ser humano, pero para conseguir plenamente la categoría humana ha
de conquistar activamente esta condición. Mediante la actividad física y el
deporte, entendidos como formas de juego, el ser humano aprende unas pautas de
comportamiento para crecer y aprender a vivir en la sociedad de una manera
integral. Ayudan a fomentar la capacidad para la elaboración de normas desde la
niñez hasta la edad adulta. Los niños crecen aprendiendo hábitos de convivencia
necesarios para vivir en sociedad. La práctica lúdica y deportiva proporciona
al ser humano un interés por el conocimiento, actitud activa, positiva y
crítica, que le permite integrarse de manera gradual, expresarse y vivir en
comunidad.
El
binomio educación-prácticas lúdicas debe establecerse de manera racional y
avanzar, ya que son los jóvenes quienes constituyen el colectivo que ha de
hacer en mayor medida un nuevo milenio más rico en valores, más humano. Los
jóvenes tomarán el relevo en una sociedad democrática, plural, compleja y cada
vez más multiétnica y multicultural para lo que nos es precisa una cultura
deportiva diferente que allane el camino hacia esa hermosa palabra: la paz.
Los
valores se podrán conseguir fomentando "actitudes". Éstas no se
aprenden ni se enseñan, se transmiten, se inoculan como por ósmosis. Es decir,
que han de promocionarse desde la experiencia personal y hacia experiencias
positivas y gratificantes. Los valores humanos se convierten en verdaderos
símbolos del deporte. Consiguen beneficiar la salud individual y social y
pueden llegar a la sociedad desde una actividad educativa que contribuya a un
mundo mejor.
Para
concluir, indicamos que el ser humano evoluciona desde su corporeidad (hacer,
sentir, pensar, comunicar, querer), por medio de su motricidad hacia la
condición lúdica, base de la faceta cultural física y deportiva, que favorece
el desarrollo global del ser humano.
Las
actividades físicas y lúdicas son sinónimo de conducta humana porque nacen de
la bondad humana. Contribuyen a recuperar o no perder la verdadera naturaleza
humana. El ser humano por medio de la motricidad y los juegos vuelve a su
infancia, en donde, posiblemente se encuentre la raíz o hilo umbilical de la
propia naturaleza. La diversión reconoce que estas prácticas son ante todo
juego, y como tal se convierten en un referente antropológico y cultural del
ser humano.
A través
de las actividades lúdicas se puede alcanzar una autonomía madura que ayude a
la construcción de un proyecto personal de vida. Esto se podrá lograr por medio
de los valores humanos que ayudan a quienes practican deporte a ser mejores
personas. Si el tiempo libre de los jóvenes supone un encuentro de
contra-valores, el equilibrio personal, familiar y social corre un grave riesgo
de resquebrajamiento.
La
práctica de actividades físicas y deportivas, de manera lúdica, se convierte en
una de las más inteligentes actitudes humanas.
"Las más altas proezas de la
Humanidad no han sido las guerras y las conquistas, en las que se llegó a
despreciar la vida .del otro. Las cumbres de la historia han sido, en
definitiva, las creaciones lúdicas del hombre. Una capacidad lúdica abierta que
repertorio está en todo acto creativo humano" (Cagigal, 1981).
Comentarios
Publicar un comentario